10 cronistas imprescindibles de América Latina

Por ECC

Instaurada por autores como Rodolfo Walsh en Argentina o Truman Capote y Tom Wolfe en Estados Unidos, la crónica periodística es un género que fusiona el periodismo con la literatura. Una posibilidad para que los periodistas construyan relatos rigurosos y profundos utilizando recursos narrativos como si se trataran de cuentos o novelas.

En los últimos 20 años ha habido un interés inusitado por este género en América Latina. El resultado: investigaciones trascendentes que se propagan por su calidad estilística. En esta lista seleccionamos a 10 de las voces más interesantes en este ámbito. El orden es alfabético.

Christian Alarcón

(La Unión, 1970)

Cristian-Alarcón-bnLa escritura de Alarcón navega entre la recreación periodística y la memoria, los recuerdos y las emociones de sus entrevistados. Quien se acerca a sus textos tiene la impresión de haber presenciado lo que ahí se relata. De nacionalidad chilena pero residencia argentina, es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano –creada por Gabriel García Márquez– y director periodístico de la revista Anfibia, así como columnista de la revista Debate. En Cuando me muera quiero que me toquen cumbia (Aguilar, 2003), Alarcón recrea desde distintas aristas la muerte de El Frente, un ratero de La Villa considerado un ídolo por los habitantes de la zona. Así, dialoga con familiares, amigos y otras personas cercanas para reconstruir los sucesos como si se trataran de un pequeño rompecabezas de la realidad. “Cuando le perdí respeto al tiempo, todo fue más fácil”, menciona Alarcón respecto de la dificultad de construir una narrativa personal. Es uno de los cronistas más promisorios del presente.

Alejandro Almazán

(Ciudad de México, 1971)

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Quien no ha leído “Los Acapulco Kids” –un par de páginas que delimitan de manera casi irreal lo real, la prostitución infantil en el “turístico puerto de Acapulco”– ha perdido la oportunidad de acercarse a una investigación periodística desgarradora que produce sentimientos encontrados: por un lado, el horror, la indignación y la impotencia; por otro, la admiración por un periodista valiente cuyos textos poseen cualidades literarias. Una crónica donde no hay fiestas, ni opulencia, sino hechos: pobreza, drogadicción, abandono, enfermedades sexuales y edades que no superan los tres lustros. Almazán ha ganado tres veces el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de Crónica. Es autor de libros como La victoria que no fue (Grijalbo, 2006), Gumaro de Dios, el caníbal (Mondadori, 2007), Chicas Kaláshnikov y otras crónicas (Océano, 2013) o El más buscado (Grijalbo, 2012). Ha colaborado en Reforma, El Universal, Milenio, Emeequis y Gatopardo. Sobre su interés por la crónica, el mexicano dice que la nota diaria le estresaba y no le permitía expresarse como quería. Es, sin duda, uno de los referentes del periodismo de nuestro país.

Martín Caparrós

(Buenos Aires, 1957)

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No hace falta presentar a uno de los cronistas más representativos del presente. Pero nunca es demasiado si se trata de analizar sus aportaciones tanto al periodismo como a la literatura. Caparrós ha escrito en medios como The New York Times y El País; es cofundador de Página/12 y editor de El Porteño. Lo mismo escribe sobre el problema mundial del hambre que sobre un gol de Messi lleno de dramatismo. O sobre gastronomía. En una entrevista, el periodista argentino menciona que la crónica es ese mecanismo que se creó en los años cincuenta y sesenta en el que algunos escritores o periodistas utilizaron recursos narrativos, y que ese mecanismo es el de intentar contar la vida de otras maneras. Entre sus libros destacan El hambre (Planeta, 2014), Boquita (Planeta, 2005), Una luna (Anagrama, 2009) o novelas como Valfierno (Planeta, 2004) y Los living (Anagrama, 2011). Para Caparrós sus textos son una mirada posible, no la única. El uso de la primera persona es siempre una manera de establecer que en el periodismo la objetivad es imposible y la honestidad es la única manera de combatir los problemas que enfrentamos. En “Los Muxes de Juchitán” viaja a la comunidad oaxaqueña para conocer la visión ancestral que tienen sobre la transexualidad; se trata de una crónica que ofrece lo mejor de la fusión entre el periodismo y la literatura. Las historias de Caparrós no son lineales, brincan de una a otra fábula con destreza para mostrar que detrás de las letras hay historias reales donde se juega la vida. Y la muerte. Según sus propias palabras: “América se hizo por sus crónicas”.

José Alejandro Castaño

(Medellín, 1972)

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¿A qué huelen los lugares a los que se acerca Castaño? ¿Qué imágenes reflejan los personajes de sus relatos? El periodista colombiano deambula en una zona pantanosa donde lo mismo investiga sobre hipopótamos o un asilo de leones que de un aviador alemán de la Segunda Guerra Mundial, un pueblo llamado Estados Unidos o el amor en la cárcel. Ha escrito en medios como El Colombiano, El País, Tiempo de Bogotá, Alma Magazine, Lateral, SoHo (“Mis memorias en un diario amarillista”) y Etiqueta Negra. Sus textos bordean peligrosamente el límite que divide la literatura del periodismo, lo que ha generado muchas polémicas sobre la autenticidad de lo que cuenta. Su trabajo provoca que los lectores no sólo se pregunten por las historias que da a conocer sino también por conceptos trascendentes como la verdad, la realidad y la verosimilitud.

Sergio González Rodríguez

(Ciudad de México, 1957-2017)

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El recientemente fallecido Sergio González Rodríguez es uno de los periodistas más trascendentes de México. Con Huesos en el desierto (Anagrama, 2002) cimbró a la sociedad de nuestro país al dar a conocer una investigación dolorosa sobre los asesinatos de Ciudad Juárez mientras que señalaba a nuestra región como un territorio donde el periodismo también podía hacerse con tintes literarios. Roberto Bolaño se inspiró en esta ¿crónica, reportaje? para ensamblar su obra maestra 2666, en la que González Rodríguez aparece como personaje secundario. Estudió literatura contemporánea pero se desempeñó como periodista. Fue editor de La Jornada y colaborador del periódico Reforma. Galardonado en 1995 con el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, sus intereses tocan lo mismo la arquitectura que el cine, la literatura o la economía. Entre sus libros no hay ningún desperdicio, pueden mencionarse las novelas La pandilla cósmica y El vuelo, el ensayo Campo de guerra y la magnífica crónica El hombre sin cabeza, donde analiza el narcotráfico y sus brutales actividades criminales desde el periodismo, la antropología y la sociología.

Leila Guerriero

(Junín, 1967)

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En los textos de Leila Guerriero es imposible distinguir la frontera que separa el periodismo de la literatura. Sus relatos, inclasificables, hablan lo mismo de la desgracia y la felicidad que la soledad y el desamparo. Utiliza las entrevistas como herramientas infalibles para acercarse a la realidad y dar voz a todo tipo de personas, desde el Equipo Argentino de Antropología Forense hasta habitantes de Las Heras, Argentina, con tendencias suicidas o personajes famosos como Nicanor Parra, Guillermo Kuitca o Fogwill. Guerriero, además, tiene la virtud de desaparecer en sus crónicas, dándole protagonismo a los personajes de sus historias. “Cuanto más lejos estás del objeto, me parece que el estilo se empieza a transformar en algo más sofisticado, más elástico, que te permite ver y mostrar más cosas”, comenta al respecto. Colaboradora de medios como La Nación, El País, El Mercurio y Gatopardo, es autora de los libros Los suicidas del fin del mundo (Tusquets, 2005), Frutos extraños (Aguilar, 2009), Plano americano (Ediciones Universidad Diego Portales, 2013) y Zona de obras (Anagrama, 2014), entre otros. Se sitúo como una escritora fundamental luego de haber escrito “El rastro de los huesos”, por el que ganó el Premio Nuevo Periodismo en 2010.

Humberto Padgett

(León, 1975)

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Investigaciones profundas, periodismo comprometido y honestidad son algunas de las características de Humberto Padgett, que ha tenido varias amenazas por merodear sucesos comprometedores. Sin embargo, sus textos no se limitan a transmitir información: son verdaderos discursos literarios que utilizan una riqueza retórica sorprendente. A veces haciendo uso de saltos espaciotemporales o dotando de belleza las escenas que narra. ¿Qué hay detrás de los linchamientos? ¿Qué de los feminicidios? ¿Qué de una de las novias del Chapo Guzmán? Padgett se desplaza ágilmente entre distintos temas, para dar voz a una multiplicidad de personajes que en conjunto proyectan la injusticia y la impunidad del México moderno. Ha publicado los libros Guerrero (2016), Las muertas del estado (2014), Retrato íntimo de un padrote (2012), Jauría. La verdadera historia del secuestro en México (2010) e Historias mexicanas de mujeres asesinas (2008), entre otros. Ha colaborado en Reforma, Sinembargo, Emeequis y Proceso. Obtuvo junto a Dalia Martínez Delgado, el Premio Internacional Rey de España por el reportaje “La república marihuanera. Así gobiernan los caballeros templarios”, publicado en agosto de 2011. En  2012  ganó el Premio Nacional de Periodismo por la crónica “¡Aviéntales el cerillo, son secuestradores” y en 2013 el mismo premio por “Zulema y “El Chapo”: amor, SMS y tragedia”.

Alberto Salcedo Ramos

(Barranquilla, 1963)

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¿Crónicas o cuentos? ¿Reportajes o relatos ficcionales? En Alberto Salcedo el género no importa. El cronista colombiano desmenuza a sus personajes al grado de hacer que los lectores crean que son personas cercanas a ellos. Sus textos no sólo muestran datos e información periodística relevante sino que también proyectan sensaciones, olores, texturas. Salcedo obtuvo el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, el Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa y el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Colabora en SoHo, El Malpensante y Ecos de España. Según sus propias palabras, la crónica debe ser arriesgada, no una fórmula a repetir. EnRetrato de un perdedor” cuenta una de las peleas de un boxeador semiprofesional e invita al lector a conocer sus pensamientos y delinear sus expresiones. El lector tiene la sensación de estar dentro del ring mientras todo sucede.

Julio Villanueva Chang

(Lima, 1967)

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Es editor y fundador de Etiqueta Negra, una de las revistas más importantes para el periodismo narrativo de América Latina. Premio de Crónicas de la Sociedad Interamericana de Prensa, para Villanueva Chang “una parte de las historias más memorables en diarios y revistas es aquella en la que sus autores han hallado un modo singular de contagiar esa fascinación que sintieron por lo descubierto”. Si la crónica es un género interpretativo, para él “un cronista, además, ensaya ideas y explicaciones sobre el mundo retratado en sus textos”. La inquieta pluma de Villanueva Chang se desplaza en territorios que lo mismo rozan la vida cotidiana que los sucesos extraordinarios. Entre sus intereses se pueden mencionar los recursos periodísticos para crear un perfil auténtico, el futbol, el cine, la gastronomía o la música. En “El cineasta invisible” se acerca de una forma sorprendente a uno los referentes de la historia del cine: Werner Herzog.

Gabriela Wiener

(Lima, 1975)

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Unas décadas después y en un contexto totalmente distinto, Weiner ha tomado lo mejor del periodismo gonzo –aquel que practicó Hunter S, Thompson en Miedo y asco en Las Vegas  o cuando se mezcló con la pandilla de motociclistas llamada Hell Angels– para relatar todo tipo de prácticas sexuales poco comunes. Utilizando la primera persona, da a conocer al lector ambientes, sensaciones, miedos y frustraciones relacionadas con la complejidad de las relaciones personales. Colabora en Etiqueta Negra (“Dímelo delante de ella”), El País, Orsai, Esquire y La República, y es autora de los libros Sexografías (Melusina, año) y Nueve Lunas (Mondador, año). Además, es una de las plumas más hábiles para mostrar los miedos y las inquietudes que cualquier humano puede sentir al enfrentarse al otro desconocido. Guadalupe Nettel mencionó respecto de su trabajo: “retrata a la sociedad desde este ángulo tan elocuente. Sus textos, escritos con una frescura e inteligencia que se agradecen, responden a una investigación empírica y profunda”. Ha puesto a Perú en el punto de mira como una región desde donde se fragua un sincretismo sorprendente entre la literatura y el periodismo.

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